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domingo, 3 de octubre de 2010

ARTURO RAHI - LA MONEDA. LA PRE-COLONIA y COLONIA / Fuente: LA MONEDA Y LOS BANCOS EN EL PARAGUAY


LA MONEDA. LA PRE-COLONIA y COLONIA
Obra de ARTURO RAHI
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del


LA PRE-COLONIA

"AI iniciarse la conquista hispana, los Avá guaraníes hallábance nucleados en el área comprendida entre los Ríos Paraguay, Miranda, Paraná, Tieté-Añemby, Uruguay, Yacuí y con algunos asientos en el litoral atlántico" (Branislava Susnik, Los Aborígenes del Paraguay. Tomo II, pág. 9.). Es decir que los guaraníes estaban diseminados en muchos grupos poblacionales y ocupaban una gran extensión del territorio del continente descubierto por los españoles.
"Los Carios, cuyo "guará" extendiéndose entre el río Manduvirá y el río Tebycuary, representaban una población guaraní racionalmente plasmada y culturalmente homogeneizada" (Branislava Susnik, Los Aborígenes del Paraguay. Tomo II, pág. 23.). Los Carios, componíanse de varias nucleaciones con su conciencia "oreva" local y con sus "tuvichá", pero siempre abierta a la intercomunicación convidatoria y por ende a la participación preferencial en emprendimientos mayores". "Las principales nucleaciones eran las siguientes: a) Nucleación de la comarca asunceña" ....., que es la que nos interesa para nuestro relato posterior, integrada por una fuerte comunidad de aborígenes varios, que salvo rarísimas excepciones, recibieron amistosamente, entraron en "contacto con los españoles y se convirtieron en suegros con adopción de los apellidos de sus yernos" (Branislava Susnik, Los Aborígenes del Paraguay.. Tomo II, págs.24/25.3).
Aclaramos que no aceptamos la tan repetida historia de la unión de razas surgida de una amistosa y hasta si se quiere amorosa relación entre españoles y guaraníes, que tantas veces hemos leído en textos que con románticas expresiones pretenden justificar la violencia del trato dado a los dueños de éstas tierras. La unión que sí existió fue forzada, en muchos aspectos bárbara, que poco honor hizo a los supuestos civilizados europeos. Pero esto es tema de otro relato. Solo queríamos manifestar nuestra posición al respecto.
Estos varios-guaraníes, habitantes permanentes del entorno asunceno, que se conocía con el nombre de Paragua - y, con el que hasta hoy se designa a la Ciudad de Asunción en el interior del país, eran no solamente pescadores y cazadores, sino también agricultores. Contrariamente a la mayoría de los habitantes del sur de nuestro continente indo-americano, los carios-guaraníes sembraban la tierra y obtenían para su alimentación y canje, productos tales como mandioca, maíz, batata y muchas variedades de porotos, en cantidades suficientes no solo, repetimos, para su alimentación y almacenamiento, sino para canjearlos por otros productos que ellos pudieran necesitar. Esto lo podemos leer en muchos escritos existentes sobre el tema. Particularmente nos referimos a los cronistas de las primeras expediciones españolas, que fueron repetidamente auxiliadas por los carios que habitaban en Paragua - y. Así por ejemplo, Ayolas que fue auxiliado antes de subir en busca del camino al fabuloso Perú, del que nunca regresó. También lo fue Irala que salió en su busca y también Juan de Zalazar quién tal vez agradecido por el trato y ayuda recibidos, decidió fundar la primera población o fuerte español en esta parte del continente, dando nacimiento a la Ciudad de Asunción, madre de ciudades, de la que saldrían luego expediciones que fundarían Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, Santa Cruz de la Sierra, Villarrica, que hoy son grandes centros poblacionales de los que irradian civilización y cultura.

Ese acto de intercambio de productos a que nos hemos referido en el párrafo anterior, nos está diciendo de la existencia del sistema monetario utilizado, el trueque reconocido y mencionado como medio de pago en latitudes muy diferentes y lejanas a la nuestra, y en otras épocas muy anteriores. El canje fue según es bien sabido, el medio de pago más antiguo conocido, y no vemos ninguna razón para que no lo fuera entre los habitantes de estas tierras que fueran bautizadas, erróneamente con el nombre de América, cuando que lo que correspondía era el de honrar a Colón, su descubridor. Colombia se debió llamar.
La llegada de los españoles dio lugar al nacimiento de un tipo especial de canje, ya que éstos vinieron provistos de un gran número de artículos de poco valor pero vistosos y llamativos para los naturales de estas tierras, que nada conocían de los modos de vida ni de los productos europeos. Estos artículos fueron inmediatamente canjeados por productos alimenticios de todo tipo, que abundaban en los pueblos carios. El historiador Juan B. Rivarola Paoli menciona repetidas veces que este tipo de intercambio fue designado en los documentos de aquella época con el nombre de rescate palabra que en realidad los españoles utilizaban para diversos menesteres, algunos de ellos para indicar el porcentaje que debían pagar o entregar a su rey sobre el número de aborígenes que apresaban y esclavizaban para su beneficio personal. Sabemos que los convertían en esclavos que debían realizar múltiples tareas, de sol a sol, sin recibir retribución alguna, aparte de una miserable comida diaria. Así exterminaron a casi toda la población nativa y así pagaron el recibimiento amistoso de que fueron objeto cuando casi liquidados por el hambre, bajaron a pedir comida.
En definitiva, no cabe dudas, de que el primer sistema monetario (si vale la expresión) utilizado en estas tierras, fue el trueque. De artículos típicos por artículos típicos, primero, y con esto queremos decir productos locales o regionales de la agricultura, la caza y la pesca y porqué no manufacturas familiares, como hamacas, canastos, que abundaban, por similares, y con la llegada de los españoles, estos mismos artículos por las chafalonías que los europeos traían especialmente para estos menesteres. No hay autor que haya tocado el tema, que no haya dado buenas referencias sobre este tópico, y particularmente Rivarola Paoli (Juan B. Rivarola Paoli, Historia Monetaria del Paraguay.). Por lo tanto nos remitimos a este autor en lo que a minuciosidades y preciosismos históricos se refiere, para aclarar cualquier aspecto adicional del tema. Recalcamos solamente que el canje fue el medio de pago indiscutible utilizado por los naturales de estas tierras antes de la llegada de los españoles.

LA COLONIA

El establecimiento de los españoles en esta parte del continente, dando así comienzo no solo a la formación de Asunción como una Ciudad de constitución permanente, sino que al nacimiento de lo que luego de los años se convertiría en la Provincia Gigante de las Indias y luego de mucho andar y de reiteradas desmembraciones; cuya motivación la encontramos en la ambición de "reinar" de algunos caudillos españoles, en lo que hoy es la República del Paraguay, dio comienzo igualmente al sistema generalizado de trueque con los nativos. Rivarola Paoli (Juan B. Rivarola Paoli, libro citado, pág. 13.) por ejemplo menciona que estos últimos proveían a los españoles de carne de venado y de puercos salvajes, "mantas de lino que hacen de unos cardos", cueros de tigre y de venados, pescados y "otros muchos mantenimientos". El precio que los españoles pagaban por estas provisiones y la moneda del pago, ya nos podemos imaginar. Habrán sido vistosas baratijas con poco valor comercial.
Con esto estamos diciendo que el sistema monetario (lo seguiremos llamando así) no cambió. Desde luego que es bien conocido que los españoles que llegaron al nuevo continente no traían provista de monedas para hacer negocios. Ellos venían a conquistar, a tomar lo que encontrasen, sin considerar para nada el derecho de los demás, de retener o negociar con lo suyo. Durante tres siglos el sistema fue el mismo en estas tierras, pero en descargo pero no justificación de los españoles corresponde decir que este era evidentemente el criterio o la costumbre imperante en el viejo continente, porque los portugueses e ingleses procedieron de la misma manera. Donde llegaron, se dedicaron al pillaje, al saqueo, a matar para conseguir lo ajeno. No importaba para nada que detrás de cada espada enrojecida con sangre inocente, se alzase una cruz y una plegaria que pretendiesen justificar lo que jamás podría tener justificación. Los religiosos acompañaron a los bárbaros conquistadores en todos sus excesos, y salvo rarísimas excepciones, justificaron lo realizado por aquellos.
Un historiador boliviano, cuyo país sufrió horrores en aquella época, dice: (Raúl Botelho Gosalvez, Proceso al Sub Imperialismo Brasilero, pag.7.) - Esto no excluía naturalmente, que la empresa de la conquista religiosa del Nuevo Mundo se trocase, por la misma dialéctica de la historia, en una tremenda conquista imperialista y de despojo en perjuicio de los pueblos indígenas, cuyos países fueron avasallados, y casi destruidos por la caterva de aventureros que bajaban en forma casi constante de los galeones procedentes de Cádiz, San Lucar de Barrameda y Palos de Moguer". Todos conocemos lo que pasó en México, Perú y Chile, así que no vale la pena seguir insistiendo sobre el tema, que sin embargo sirve como aditivo que explica muchos hechos y realidades que algunos pretenden negar o desvirtuar.
En esos primeros años, la Colonia vivía bajo la influencia del sistema mercantilista, pero presionada por la falta de oro y plata que pudiera dar visos de realidad a los requerimientos de quienes desde España dirigían o pretendían dirigir la vida en las nuevas tierras. Quienes integraron esos primeros grupos de peninsulares, llegaron en busca de riquezas y no para trabajar. La realidad se mostraba muy diferente a las expectativas y promesas que antes de embarcarse en Europa deslumbraba a los futuros Conquistadores. Muy pronto, las necesidades originadas por la miseria, presionó despiadadamente sobre quienes creyeron que en el nuevo Continente se llenarían de oro en poco tiempo y con poco esfuerzo.
Algunos, es cierto, consiguieron enriquecerse o por lo menos hacerse de metales preciosos, pero no fueron precisamente aquellos que llegaron al Paraguay. Muy pronto éstos se tuvieron que convencer que la única Manera de sobrevivir era trabajando la tierra, dedicándose a la agricultura, trocándose de conquistadores en colonizadores. Entonces empezó el drama para los nativos, porque los españoles eran muy propensos a mandar pero no a trabajar. Y la solución la encontraron esclavizando a hombres y mujeres nativos para que trabajaran y produjeran para ellos, bajo condiciones que, pese al paso de los años pero gracias a las muy pocas referencias históricas escritas sobre el tema de aquella época, demostraron que fueron verdaderamente brutales. Por cierto que los gobernantes españoles, Irala entre ellos, hicieron lo posible para que la repartija de esclavos, alcanzase a todos sus compañeros de aventuras. Las encomiendas tuvieron vigencia y la mano de obra esclava produjo los productos que sirvieron para la alimentación y el vestido y también para moneda. La moneda de la tierra que los nativos utilizaron antes de la colonia y que tuvo vigencia por largos años. La moneda de la tierra o moneda hueca, que iremos rememorando en las páginas que siguen.
Definitivamente en el Paraguay, al comienzo del régimen colonial, no existió una moneda que se distinguiera como símbolo monetario local. Tampoco se puede hablar de que existieran o circulasen monedas extranjeras como para mediar en las transacciones comerciales o laborales. Ese período se caracterizó por la falta casi absoluta de medios monetarios de pago y solamente se lo puede explicar por el hecho cierto de que solo el oro y la plata eran utilizados (amonedados o no) como medios de pago y es muy bien conocido que los españoles vinieron a buscar esos metales, no a traerlos. Como en el Paraguay no se encontraron oro ni plata, prácticamente desde el primer día se tuvo que buscar reemplazar estos elementos por otros que localmente fuera posible obtenerlos y que ya estaban siendo producidos y utilizados localmente en el sistema de trueques.
"Desde el comienzo de la conquista del Río de la Plata, el sistema monetario de estas regiones fue diferente del de las otras de América, porque ya el primer gobernador Domingo Martínez de Irala en 1541, crea en Asunción una moneda de hierro en forma de cuñas, y por esta razón la denominaron cuñas de hierro de Irala" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, pág. 13.). Esto nos está diciendo claramente que la carencia de metales apropiados traídos desde fuera del país u obtenidos localmente, hizo que se llegara a estos extremos, lo que igualmente nos está confirmando, una vez más, que quienes estaban a cargo de la conquista, no tenían el menor interés de traer valores y su sola pasión era obtenerlos en estas latitudes para llevarlos a España y atesorarlos.
Antes de ir avanzando en nuestro relato referente a los años posteriores y volviendo a la "cuña de hierro de Irala", tiene mucho valor esta narración del maestro Ramón I. Cardozo, quien al escribir la biografía del fundador de Villarrica, Ruy Díaz Melgarejo, en un libro muy interesante, hoy casi no recordado y que no conoce de una reedición, al mencionar las aventuras de este señor en busca de metales preciosos recuerda, "que obtuvo en cambio del oro y la plata buscados afanosamente en las minas de Cuaracyberá, unas "sinquenta libras de cuatro arrobas poco mas ó menos de piedra de orno de quarta poco más o menos o una quadra con unos fuelles pequeños". "Con el hierro extraído de aquellas minas se remediaron, en gran parte, las necesidades de los pobladores fabricando de el cuñas, cuchillos y machetes". Esto según el historiador Cardozo ocurrió allá por 1577-1578, es decir algunos años después que Irala estableciera al hierro como metal monetario, por no haber otro en el territorio paraguayo.
No en balde Pusineri Scala afirma que "El Paraguay colonial no necesitó moneda metálica, porque se empleaban para todas las transacciones las cuñas de Irala y las llamadas monedas de la tierra, de rescate, pesos huecos o provinciales" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, pág. 13.).

También Pusineri afirma que la "única moneda autorizada a circular en América fue la Real, en razón de que la acuñación era privilegio de la Corona y atributiva del Rey" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, pág. 18.). De cualquier manera una cosa era la moneda que legalmente se estableció como obligatoria, y otra muy diferente, la que circulaba o podía circular. En el Paraguay sencillamente, y esto está bien probado por todos los documentos analizados y comentados, no existían monedas ni de oro ni de plata que circulasen e hiciesen posible el intercambio, y esto muy al margen de las pocas unidades que la gente pudiera atesorar como algo muy especial. Y esto es perfectamente comprensible.
Así que se echó mano a reemplazantes que hicieran el papel de moneda y esto por muchísimos años, tantos que podemos hablar de centurias, hasta que los españoles fueron expulsados de la administración del país y reemplazados por los paraguayos.
El historiador Pusineri Scala hizo un minucioso estudio de los documentos del Archivo Nacional, extrayendo información de primera mano sobre la materia monetaria, que narra con detalles en su libro, de ahí que de esta obra extraemos un pequeño resumen de datos que hacen a nuestros propósitos.
Pero antes quisiéramos referirnos a las "letras", "obligaciones" o "pagarés" que fue costumbre firmar por la gente de aquella época contra préstamos o adelantos recibidos, o como pago a cuenta de trabajos a realizar, o riquezas a obtener durante sus famosas "entradas" o campañas de descubrimientos. No creemos que estos papeles o documentos puedan ser considerados como moneda, contrariamente a las afirmaciones de otras personas. Eran (y son hoy día) sencillamente obligaciones transferibles que certificaban una deuda. Estos son documentos que ya fueron utilizados mucho antes del descubrimiento del Paraguay. Los historiadores mencionan que eran corrientes en civilizaciones como la de Asiria, Babilonia y Egipto, muchos siglos antes de nuestra era. Y por cierto que nunca fueron consideradas como moneda, sino como simples documentos que reconocían obligación de pagar una suma de dinero. Así que preferimos mencionarlas pero no aceptarlas como moneda. Eran documentos con características propias a obligaciones contraídas y que podían transferirse pero hasta ahí nomás. De otra manera habría que reanalizar totalmente la función de dichos documentos a la luz de la legislación bancaria vigente y darles una función adicional a la que ya tienen, porque aunque las fechas de comparación varían, los documentos de antes y de ahora son similares.
Y vayamos mencionando el uso de la "moneda de la tierra o moneda hueca”, a medida que los documentos del Archivo Nacional lo muestran. El sueldo anual del Capellán, en 1539, fue fijado en "20 fanegas de maíz, 10 de frijoles, 30 pollos, 50 panacus (sic) de raíz de mandioca. Para el caso del cura, en 1543, se fijó el sueldo de "16.000 maravedís, equivalentes a 20 fanegas de maíz, 10 de porotos, 50 panacus de mandioca y 30 pollos" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, pág. 25.).
En este segundo caso se da la equivalencia entre la moneda real (el maravedí) y la moneda de la tierra (maíz, porotos, mandioca).
En 1541, Irala establecía algunos valores comparativos entre la moneda real y la moneda de la tierra. Así, por ejemplo: "un anzuelo de malla era igual a un maravedí; un anzuelo de rescate era igual a cinco maravedíes; un escoplo igual a diez y seis maravedíes; una cuña del ayunque de las que aquí se acostumbran hacer valer cien marevedíes. ( Carlos Pusineri Scala, libro citado, pág. 26.) . Como las cuñas fabricadas en Asunción tenían diferentes tamaños, en el mismo año de 1541, Irala estableció que la "cuña de marca valiera cincuenta maravedíes y la cuña de ayunque valiera cien maravedíes". Conviene mencionar, siguiendo a Pusineri, que el "anzuelo de malla" era fabricado utilizando los pequeños anillos metálicos de que se componían las cotas de mallas utilizadas por los españoles, mientras que el "anzuelo de rescate" era fabricado a partir de otros elementos metálicos.
En 1547 el precio del cuchillo, también utilizado como moneda por su rareza, era el siguiente: "treinta cuchillos encabados (sic) equivalían a diez cuñas de la mala moneda" y una cuña de la mala moneda equivalía a tres cuchillos de rescate encabados. No se aclara lo de mala moneda al referirse a la cuña.

En 1544, el Cabildo de Asunción fijó los siguientes precios de alimentos: (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 32)
2 gallinas caseras igual a 3 cuchillos de marca.
8 huevos igual a 1 cuchillo.
3 libras de pescado de espinel igual a 1 cuchillo.
2 libras de pescado de red igual a 1 cuchillo.

No comprendemos, o mejor dicho, no apreciamos el por qué de la diferencia del valor del pescado capturado con red, del capturado con espinel. Evidentemente algo habrá hecho la diferencia para justificar un 30% de sobrevalor para el capturado por medio de redes. De cualquier manera no tenemos una explicación y nos remitimos textualmente al autor que estamos siguiendo, que tampoco la tiene.
En 1545, Irala acuerda que "por ser público y notorio" la no existencia de oro y plata que sirvan como moneda, que "una cuña de hierro a 7 onzas valga 100 maravedíes y que 4 cuchillos de los que al presente corren cada uno 25 maravedíes y que mediante esto se compra, viste, contrata, paga jornales de trabajadores y vende los bastimentos y otras cosas que de presente hay en la tierra y que aún los diezmos, quintos y penas de cámara se vendían a las dichas monedas de rescate, acordaban, hasta tanto que Dios sea servido de dar oro y plata que el factor presente los precios y se carguen por el contador tesorero en la dicha moneda y en la misma se hagan los libramientos" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 32). Es un reconocimiento de valor monetario a cuchillos y cuñas, hasta para pagar tasas del gobierno de la colonia y de la iglesia. Pero en el mismo año de 1545 se establece que un cuchillo valía dos peines. Así se pretendía evitar abusos, ya que algunos exigían un cuchillo por un peine (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 33).
Luego de 1556, lo que se desprende de otro documento del Archivo Nacional citado por Pusineri (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 36), un caballo costaba 1.500 cuñas de hierro, que eran equivalentes a 300 varas de lienzo, que a su vez se apreciaba en 100 pesos oro, todo naturalmente de acuerdo a la cotización que estos valores tenían en el mercado. Por la misma época, en el Diario de Aguirre y refiriéndose al testamento de Irala se dice "que por las tierras y animales que tenía, se dio el valor en varas de lienzo y cada vara de lienzo valía 10 cuñas, y se supone - decía - que 14 cuñas eran 100 maravedíes, que es casi el valor de 68 maravedíes de plata" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 37). Realmente abruman estos valores comparativos que varían en cada caso, pero probablemente eran mejor comprendidos en aquella época por la gente acostumbrada a su uso.
Al parecer alrededor de 1575 se introdujeron en la provincia monedas de oro y plata. De inmediato se les dio el valor de intercambio que tendrían en el mercado: una onza de plata era igual a cuatro varas de lienzo y cada ducado de oro era igual a cinco varas y cada vara de lienzo igual a dos reales (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 40). Apenas después, en 1576, una fanega de maíz era igual a media vara de lienzo; una fanega de frijoles era igual a una y media varas de lienzo; el quintal de algodón en cuesco era igual a once varas de lienzo; dos cochinos igual a una vara de lienzo; cuatro pollos igual a una vara de lienzo. En esta época, entonces, se ve claramente que la "moneda" que compraba los demás artículos era el lienzo. Para 1585, una libra de hierro valía una vara de lienzo y cada onza de plata valía cuatro varas de lienzo.
En 1595 en Asunción "Hay extrema necesidad de lienzo, por lo cual las rentas reales de Su Majestad y demás ventas y compras que se hacen, vienen en gran disminución por defecto de pedir el tercio en lienzo, atento a lo cual mandaban y mandaron que desde el día que fuere pregonado públicamente este auto y proveimiento en adelante y valgan y se guarden y usen las monedas siguientes":
hierro;  a 1/2 peso cada libra.
acero;  a 2 pesos cada libra.
cerca (sic); a 6 tomines (sic).
garabata (sic); a 1/2 (medio) peso cada libra.
algodón; cada quintal 12 pesos.
lienzo; 1 vara = 1 peso (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 42).

Con la salvedad del significado de algunos nombres, es bien claro que la equiparación se refiere al "peso" que teórico o no, servía de comparación. Pero para el año 1600 aparecen otros valores comparativos: una arroba de tabaco igual a doce pesos (huecos), y una arroba de algodón igual a seis pesos. La siguiente aclaración de Pusineri es útil: "Para el cabal conocimiento del patacón, peso y moneda de la tierra, añadiremos que el patacón y el peso los dividían en ocho reales, y comparados ambos pesos imaginarios con el físico de a ocho reales acuñados que es el corriente del día, eran el patacón sus 3/4 y el hueco 1/4. La libra de tabaco equivalía a un real de plata sellada y cada una de algodón y hierba, medio real de la misma plata (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 43).

En 1598 se establecieron los siguientes valores monetarios:

lienzo: 1 vara = 1 peso.
acero:  1 libra = 2 pesos.
hierro:  1 libra = 1/2 peso.
garabata(sic):  2 libras = 1 peso.
cera limpia: 1 libra = 6 tomines (sic) (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 44).

En el mismo año de 1598, se estableció que el sueldo de los "curas doctrineros que enseñaban a los indios", "se han de pagar en las cosas y frutos de la tierra, que con vino, azúcar y garabata" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 55). De igual manera, en 1600, se determinó que el trabajo de los Escribanos por "conocimientos y escrituras públicas"' se debía pagar en vino, aclarando que debía ser "del presente año que siendo el vino bueno, caro y asentado...”.
En 1611 una fanega de maíz equivalía a un peso (o sea seis reales de plata); una gallina era igual a dos reales; una madre de mecha que tenga 16 palmas era igual a un peso, tres libras de garabata igual a un peso; una arroba de algodón (sin sacar las pepitas de esta tierra) igual a 4 pesos; una vara de lienzo de algodón igual a un peso; una fanega de frijoles igual a tres pesos (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 61). Por Cédula Real de 1618 se confirmaron los valores anteriores, aunque se agregaron: una arroba de yerba mate igual a 2 pesos de la tierra; una arroba de tabaco igual a 4 pesos de la tierra; una gallina igual a dos reales, equivalentes a 1/3 del peso de la tierra" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 63).
En 1638 por Real Cédula se crea el Papel Sellado, estableciéndose "que de aquí en adelante, en todas y cualquier parte de las Indias Occidentales, islas y tierra firme, del mar, océano, descubiertas y que se descubriesen, no se pueda hacer ni escribir ninguna escritura, instrumento público, ni otros que por menos aquí irán declarados sino fueran en papel sellado". Al año siguiente y visto que en el Paraguay solo circulaba la moneda de la tierra, se resolvió que el papel sellado sería pagado con lienzo, u otra moneda de la tierra, según como se presentase el caso (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 70).
En 1659 y años siguientes, según los registros de la Real Hacienda, los impuestos se pagaban con "yerba, algodón, lienzo, tabaco azúcar y otros productos de la tierra". La yerba fue tomando importancia y llegó a tener preeminencia en éstas y otras transacciones. Así se puede verificar en años subsiguientes y Pusineri Scala menciona pagos de impuestos efectuados precisamente con yerba mate durante los años de 1677, 1680, 1681 entre otros.
En 1727 el Cabildo de Asunción certifica que en la Provincia del Paraguay no corre ni se usa ninguna de las monedas selladas permitidas, "sino los frutos y monedas de la tierra, yerba, tabaco y otros que están expresados en las leyes de la nueva recopilación que solo en la provincia se puede usar por permuta y cambios" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 85). Esto nos está diciendo que casi dos siglos después del inicio de la dominación española, nada cambió en materia monetaria. Solamente se fueron agregando nuevos productos que a su vez fueron sirviendo como monedas corrientes.
En la carta Relación del Jesuita José Cardiel de 1747, este dice: "En esta Gobernación del Paraguay no corre moneda alguna, gobiérnase por trueque. Las vacas en el Paraguay valen seis pesos y se compran con yerba, tabaco, algodón, miel de caña, lienzo de algodón". "La yerba costaba dos pesos la arroba y así con una vaca se compran tres arrobas; al del tabaco dos pesos, etc"."El tributo al rey es de un peso que se paga en lienzo, tabaco, azúcar, yerba, etc." (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 89).
En 1774 se establecieron las tarifas para uso del correo recientemente creado. Como es lógico las tasas se fijaron en pesos reales. Pero "en la provincia del Paraguay no se podían pagar los franqueos en monedas porque pocas eran las que circulaban, entonces el pueblo exigió que se aceptara el sistema de pago con productos del país". Naturalmente y visto las condiciones prevalecientes en el Paraguay, el Administrador "se vio en la obligación de aceptar la exigencia paraguaya, por temor a que ocurriera en caso de negación, una sublevación de los levantiscos asuncenos" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 92).

Es por eso que en 1775, se establecieron los siguientes precios para el franqueo de cartas a Corrientes y Santa Fe (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 97):

Carta sencilla, 1 real   =  3 libras de yerba o 1/2 libra de algodón
Carta doble, 1 1/2 real = 4 libras de yerba o 2 libras de algodón y tabaco
Carta triple, 2 reales   =  6 1/2 libras de yerba o 3 libras de algodón y tabaco
Onza paquete, 2 /12 reales =  8 libras de yerba y 4 1/2 libras de algodón y tabaco.

Igualmente se establecieron precios de franqueos para correspondencias para otras "provincias, o reinos de Chile, Perú, etc." todos basados en yerba, tabaco y algodón." También se pagaban regularmente en productos de la tierra, la mano de obra por diversos trabajos realizados en la Provincia.
"Hasta fines del Siglo XVIII se pagaba todavía en monedas de la tierra: el 22 de Septiembre de 1790 el portero Hermenegildo Telles solicitó al Cabildo se le satisfaga el sueldo de 316 pesos en yerba por razón de portero y relojero de la Ciudad. El mismo día los cabildantes acordaron se le satisfaga el pago" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 111).


Con respecto a la yerba mate (hierba), que cumpliera una función trascendental como moneda en aquella época tan especial y difícil, transcribiremos las siguientes líneas que dicen claramente de la importancia de este rubro de la producción paraguaya: Con respecto a la yerba, dice Aguirre: "fue la hierba del Paraguay una de aquellas producciones que en la República del Paraguay tomaron los españoles de los indios como el chocolate en la América Septentrional. Los documentos originales constan que en los tiempos de Domingo Martínez de Irala se dio hierba a los indios en ración y sustento de sus trabajos. Al principio los españoles la tuvieron por "vicio inútil", pero después se hizo de uso común. Además de la hierba, Asunción proveía de tabaco, dulces, vino, trigo, aguardiente y otros renglones". Menciona igualmente Aguirre que los gobernadores eran "pagados en hierba, moneda de lo más apreciada" (Carlos Pusineri Scala, libro citado, página 112), refiriéndose a la yerba mate.
El nuevo siglo no trajo aparejado mayores cambios en el orden monetario para la Provincia del Paraguay. En 1809 a nivel oficial se discute el precio del algodón y del lienzo, tradicionales monedas de la tierra, ya que un aumento de su valor en el mercado significaba mayor ingreso al fisco que cobraba sus impuestos en dichos productos. De cualquier manera es interesante el concepto que ya tenían entonces, de beneficiar la aplicación de la materia prima (algodón) a la fabricación de telas (lienzo), para obtener de este último producto un mejor precio en el mercado, lo que de hecho significaba mayor poder adquisitivo.
Libro citado: CARLOS PUSINERI SCALA, HISTORIA DE LA MONEDA DEL PARAGUAY, Asunción – Paraguay.


Fuente:
Obra de ARTURO RAHI
Ediciones Comuneros
Asunción – Paraguay
1997 (253 páginas)

lunes, 2 de agosto de 2010

JUAN B. RIVAROLA PAOLI - CREACIÓN DE MONEDAS y LA ILUSIÓN DEL ORO / Fuente: LA ETAPA DE LA CONQUISTA


CREACIÓN DE MONEDAS y
LA ILUSIÓN DEL ORO
LA ETAPA DE LA CONQUISTA
Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
LA ETAPA DE LA CONQUISTA
CREACIÓN DE MONEDAS
En fecha 3 de octubre de 1541, a escasos días de su fundación, el Cabildo de Asunción, dictó su primer Ordenanza de Monedas, que en lo substancial determinaba de que "Visto que no hay oro ni plata ni otras cosas en la tierra para poder contratar en manera de moneda, e que por esta causa se dejan vender e contratar la hacienda de su Magestad que en esta tierra se cobra así cochinos, maíz, frijoles, mandioca y aves, y otras que se cobran de los diezmos y quintos de S.M. pertenecientes y no se halla precio ninguno de oro y plata porque en dicha tierra de presente no la hay, a esta razón e porque no haya engaño mandaron que de aquí adelante valga un anzuelo de malla un maravedí, o un anzuelo de rescate valga 50 maravedises y una cuña de marca que aquí se acostumbra hacer valga 50 maravedises y una cuña del ayunque de la que aquí se acostumbra hacer valga 100 maravedises, se contrate e pague en las dichas cosas en lugar de monedas y que ninguno las pueda desechar por los dichos precios." (83).
"La antigua experiencia de Cabeza de Vaca sobre las cosas más apetecidas de los indios –dice Woodine Parish–, y sobre sus usos y costumbres, le fue del mayor provecho en todo el curso de este notable viaje. Sabía que a sus ojos los dones más preciosos eran hachas, navajas, tijeras, puntas de flechas y otros objetos semejantes, para surtirlos con los cuales llevaba una fragua portátil, y cada soldado, a más de su mochila y equipo (portaba) una pequeña cantidad de hierro en barra, para ser trabajado según se precisase. Anhelaban tanto los indios estos instrumentos o útiles, que por obtenerlos acudían de grandes distancias, ofreciendo a los españoles toda clase de auxilios " (84).
Domingo Martínez de Irala, creó las famosas "cuñas", descompuestas en monedas de hierro de 25, 50 y 100 maravedises, y "fue la primera medida de los valores; y el mismo pedazo de hierro que circulara como moneda, servía para batir el bosque, preparar la tierra, y someter al indio" (85).
El 7 de noviembre de 1544, el Cabildo fijó hasta nueva disposición los precios de los víveres siguientes: dos gallinas caseras a tres cuchillos de marca; ocho huevos, un cuchillo; tres libras de pescado de espinel, un cuchillo, y dos libras de pescado de red, un cuchillo. (86).
En el año 1577, se emite una Cédula de Andres Benítez para que se le den a Sebastián de León, cierto número de cuñas de hierro, cuchillos y anzuelos para una expedición contra unos indios rebeldes (87).
Por esa misma época, el Cabildo de Santa Fe, el 17 de enero de 1575, había establecido la vara de lienzo como moneda a falta de la moneda de plata, fija en una vara de lienzo el precio de un par de espuelas y en tres el de unas tijeras; mientras que por cada diez cuchillos correspondía uno al herrero (88).
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LA ILUSIÓN DEL ORO
En 1543, el Factor Dorantes escribía al Rey, diciendo. "...estaua en costumbre de cobrar quinto de lo que se rrecaudaua de los yndios y en especial se cobraba de las personas mas principales y aun sobre ello ay ordenanqas de teniente de gouernador y oficiales que aca estauan lo cual era y es muy contrario a lo que yo he visto en otras partes de las yndias e sobre ello el contador lo pidio e paso lo que vuestra magestad vera por testimonio y aunque dizen que andando el tiempo an de valer mucho el quinto de la manteca de pescado e cueros de venados e pellejos de nutria que se rrescatan y compran en los tynbas e otras generazones del parana..." (89).
"A la incomunicación y falta de moneda, decíamos en aquel trabajo, se unieron bien pronto las consecuencias inevitables de la ILUSION DEL ORO. El futuro filón –nos dice Fulgencio R. Moreno–, que los conquistadores contaban hallar enseguida, influyó de tal modo en los negocios, que hasta se modificó la forma ordinaria de los contratos, reemplazándose los plazos fijos por la fecha incierta del primer repartimiento de oro. Y puede calcularse lo que ocurrió, cuando esa fecha no llegaba nunca".Todavía se conservaba la esperanza cuando "el muy magnífico señor Capitán Francisco López, Teniente de Gobernador de esta Provincia del Río de la Plata", se vio obligado a intervenir por los extraordinarios precios que alcanzaban las mercaderías vendidas por ciento, dice la resolución de dicha autoridad. Las deudas se multiplicaron. En 1545 el Gobernador y el Cabildo de la Asunción comisionaron a Martín de Orué para trasladarse a España y solicitar del Rey la aplicación del quinto de los repartimientos en la amortización de las deudas de los conquistadores. Hasta el pago de los impuestos se hizo un problema".
Y era, sin embargo, tal la obsesión por el metal precioso que todavía en 1580 escribía al Rey el canónigo Segovia, noticiándole que según los peritos, no había región de América tan rica en minas de oro y plata como el Paraguay! (M.S. del Archivo de Indias)" (90).
"Un feroz egoísmo se apodera de aquellos corazones endurecidos por el sufrimiento y el desengaño: el factor económico aparecía casi omnipotente en la sociedad en formación provocando malquerencias que degeneraban a veces en oscuras tragedias", nos refiere don Fulgencio R. Moreno (91).
"Los primeros castellanos que entraron en el Paraguay no dudaban que allí se encontrarían grandes riquezas –dice el Padre Charlevoix–. No acertaban a comprender cómo un país tan cercano al Perú no encerrase cantidad de minas de oro y plata; y aunque muy luego se descubrió la falsedad de las noticias que habían acreditado este error, como lo diré en el discurso de esta historia, todavía después de pasado un siglo se hablaba del Paraguay como de un país abundante en minas. Puede juzgarse de ello por el título de ARGENTINA que dio a su obra D. Martín del Barco, como si todo el país no fuese más que una vasta mina de plata. He aquí lo que a este propósito escribía al Rey Católico D. Pedro Esteban Dávila, Gobernador del Río de la Plata en 1637 (92). "La fertilidad y abundancia que prometen las dichas Provincias (93) promete mucho, en que se cree hay metales y piedras preciosas, como más particularmente lo tengo avisado a Vuestra Majestad y remitidos papeles auténticos en esta razón, que me consta están en ese Real Consejo, si bien en tiempo del Gobernador Ruy Díaz Melgarejo, poblador de la Villa Rica, se tuvo esta confusa noticia, é hizo vivas diligencias, y halló incierta la relación; y últimamente, siguiendo ese mismo intento Manuel de Frías, su yerno, primer Gobernador del Paraguay en la división que se hizo de estos dos gobiernos, hizo empeño con Vuestra Majestad; en que parece prometía el seguro de hallar estos metales, sobre que hizo (según estoy informado de personas de crédito) vivas diligencias de que no surtió efecto alguno; y los informes que refiero tengo remitidos á Vuestra Majestad y me consta estar en ese Real Consejo los tengo en poco crédito por dos cosas: la una, por las vivas diligencias que se hicieron por los sobredichos; la segunda, por tener por personas apasionadas los testigos, y no afectas á la Compañía, y no de las obligaciones que se requieren para la verdad de los informes que se deben hacer á Su Majestad" (94).Hay que tener presente que lo que Pierre Chaupu, llama el "ciclo de oro" al período bastante corto (1494-1525), durante el cual se explotó el oro en las Antillas, es decir, las Islas de Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba. Esto comenzó por el "drenaje" del oro existente en el territorio de los indios que no lo utilizaban como monedas sino en forma de joyas. P. Chaunu estima que en dos o tres años, se drenó "todo el oro producido por los indios de las islas en mil años" (95).
Se conoce a partir de 1503 las entradas exactas de metales preciosos en la "Casa de Contratación" de Sevilla, por donde en principio, todo debía pasar. Earl J. Hamilton, ha reconstruido las llegadas por quinquenios, estableciendo los siguientes guarismos:
-de 1503 a 1510 llegan a 4.950 kilos de oro
-de 1511 a 1520 llegan a 9.153 kilos de oro
-de 1521 a 1530 llegan a 4.889 kilos de oro (96).
Después de 1533-35, las llegadas de oro aumentarán hasta alcanzar 42.600 kilos durante el decenio 1551-1560 (97).
España se encontró sometida en el Siglo XVII a trágicas catástrofes monetarias. De manera figurada se ha podido decir que después de haber conocido "la edad de oro" (hasta 1545), luego la edad de plata (hasta 1600–1610), cayó en la edad de bronce. Entendemos con esto una moneda en la cual varias aleaciones contienen cada vez más cobre (98).
La proporción entre la cantidad de metal llegado para el Rey de España y la que llega para los particulares, es la siguiente siguiendo datos de Hamilton ya nombrado –de 1503 a 1660, las llegadas representan 447.000.000 de pesos: 117.000.000 para el rey y 330.000.000 para los particulares. Es decir, algo más del cuarto para el rey: pero esta parte del rey, aunque es menor, es también la de mayor alcance internacional, ya que rápidamente se reparte por Europa por las deudas contraídas por el Soberano (99).
De manera pues, que al hacer este corto comentario, lo realizamos con el propósito de demostrar que cuando los conquistadores y colonizadores del Río de la Plata, venían con la ilusión de oro, en España se habían prácticamente agotado todas cecas conocidas y vivía una aguda crisis económica y financiera.
Hay que destacar también, que en los ricos yacimientos de plata de México y Perú, se produjo una innovación técnica, el método de separar de la plata mediante su amalgama con el azogue. En la obtención del oro, inicialmente los conquistadores se apropiaron de los tesoros indígenas. Luego se extrajo el oro de los lavaderos fluviales con el concurso del trabajo aborigen. Y, posteriormente, la explotación de minas de veta y el empleo de mano de obra negra.
El historiador francés Pierre Chaunu ha ensayado construir una cronología histórica racional observando los movimientos de expansión y de depresión del tráfico comercial Atlántico, es decir construyendo un modelo cíclico. Estos ciclos coinciden con los de Hamilton. Chaunu distingue en el tráfico atlántico cuatro grandes ciclos:
1. Un interciclo de alza (Fase A) entre 1504 y 1550.
2. Una gran recesión (Fase B) de 1550 a 1562-3.
3. Un segundo interciclo de expansión entre 1562 y 1610.
4. Una fase de depresión de medio siglo a partir de 1610.
Chaunu puntualiza la existencia de dos tendencias opuestas en el Atlántico español-americano: una tendencia ascendente desde el comienzo del siglo XVI hasta 1610 y una tendencia descendente de pendiente simétrica, más allá de 1610, las cuales se superponen a la curva de Hamilton. Chaunu insiste, sin embargo, en que estas observaciones reposan en una generalización a POSTERIORI pues el empleo de un modelo cíclico como tal significaría presunciones de la ciencia económica en la maso de hechos (100).
Podemos preguntarnos –nos dice Germán Colmenares–, si, por las condiciones que determinaron la expansión geográfica y la búsqueda incesante de yacimientos de metales preciosos, la implantación de economías mineras – un hecho reconocido para toda Hispanoamérica – no se debió a un puro azar. Para explicar este hecho se ha insistido en el carácter deflacionista de la economía europea durante la Baja Edad Media y el "hambre" de metales consiguientes. EI tesoro americano habría remediado esta situación y favorecido el auge de un capitalismo primitivo provocando una subida de los precios" (101).
Para Cristóbal Colón el oro se convirtió en una obsesión y a falta del metal, se planteó la posibilidad de convencer a la Corona de la explotación de la mano de obra indígena, como forma de justificar su empresa (102). La presencia del oro era una garantía de recuperación del aporte de la Corona. Esta certidumbre debió animar también a los inversionistas privados de las subsecuentes empresas de conquista. Según Alvaro Jara (103), la necesidad de recuperar rápidamente el capital privado invertido en estas empresas habría encauzado la atención de los conquistadores hacia la explotación de metales preciosos. A este factor añade un elemento sicológico, la aspiración de los conquistadores de mantener un tren de vida señorial" (104).

CAPITULO I
83) PARISH, Woodine. BUENOS AIRES y las Provincias del Río de la Plata. Librería Hachete, 1957. pp. 72-73.
84) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de Asunción. Bs. As., 1926. p. 24.
85) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Nota al pie de la pag. 243.
86) A.N.A. Volumen Nº. 549. Nueva Encuadernación. Año 1577.
87) Actas del Cabildo de Santa Fe, en "La Historia del Trabajo en la ciudad vieja". ZAOATA GOLAN, Agustín, en "Investigaciones y Ensayos". Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, Enero - Junio, 1980. p. 354.
88) Para la Historia de la Moneda, ver nuestro trabajo "Historia Monetaria del Paraguay", Asunción: Editorial el Gráfico, 1982. 601 p.
89) Asunción, 8 de junio de 1543, en LAVILLIER, "Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda", Madrid, 1915. p. 70.
90) MORENO, Fulgencio R. Páginas de Historia Económica del Paraguay. En revista "El Economista Paraguayo", Asunción, Marzo de 1910.
91) MORENO, Fulgencio R. Estudio sobre la Independencia del Paraguay. Asunción: Talleres Gráficos de Casa America S.A.I.C., 1976. p. 336.
92) Ch. El P. Antonio Ruiz de Montoya. Conquista Espiritual..., etc. Fol. 98.
93) Ch. Se trataba en especial, de la de Guayrá.94) CHARLEVOIX, Pedro Francisco Javier de. Historia del Paraguay. Traducida al castellano por el P. Pablo Hernández. Tomo I. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1910. pp. 30, 31.95) CHAUNU, Pierre. Seville et L’Atlantique. París, 1959. Tomo 8, V. 1, p. 510.
96) HAMILTON, Earl J. American Treasure and the Price Revolutión in Spain 1501-1650. Cambridge, Mass, 1934. (Colección Harvard Studies)
97) VILLAR, Pierre. Oro y moneda en la historia, 1450-1920. 2ed. Editorial Ariel, Enero de 1981. (Colección Demos).98) HAMILTON, Earl J. American Treasure and the Price Revolutión in Spain 1501-1650. Cambridge, Mass, 1934. (Colección Harvard Studies)
99) Para una ilustración más amplia ver nuestro trabajo "Derecho Monetario", Asunción: Editorial Litocolor S. R. L., 1984. pp. 51-54.
100) CHAUNU, Pierre. Seville et L’Atlantique. París, 1959. VIII 1 (Les structures) y VIII 1-2. pp. 14 ss.
101) HAMILTON, Earl J. El tesoro americano y el florecimiento del capitalismo. En "El florecimiento del capitalismo y otros ensayos de historia económica." Madrid, 1948. pp. 10 ss.Cit. por COLMENARES, Germán. Historia económica y social de Colombia 1537-1719. 3ed. Bogotá: Ed. Tercer Mundo, 1983. pp. 259-260.
102) SAUER, Carl O. The Early Spanish Main. Berkeley and Los Angeles. pp. 23, 34.
103) JARA, Alvaro. Tres ensayos sobre economía minera hispanoamericana. Santiago de Chile, 1966. pp. 24, 32.
104) COLMENARES, Germán. Historia económica y social de Colombia 1537-1719. 3ed. Bogotá: Ed. Tercer Mundo, 1983. p. 261.
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Fuente:
LA ECONOMÍA COLONIAL
Autor: JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI
COLECCIÓN:
Tratado de Historia Económica del Paraguay.
© Juan Bautista Rivarola Paoli
Edición al cuidado del autor
Talleres gráficos de Editora Litocolor
Versión digital:
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Asunción, Paraguay, 1986.
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